Cada agosto volvías
ansioso de trazos de ilusión
que ayudaran a burlar tus quiméricos temores.
Cada agosto hurtabas mis insolentes afonías,
te me acercabas en demasía,
mis manos rozaban las sinuosas lozanías de tu rostro,
así rompías mis silencios
hasta setiembre,
cuando te desvanecías.
Este agosto extraño y cómplice
trajiste mensajes indescifrables
en el pardo renuente de los ojos,
una mirada ávida de atrapar respuestas
y encerrarlas en jaulas de incienso.
Este último agosto
fue un agosto adiciembrado,
dadivoso,
dadivoso,
por fin atrapaste respuestas
y con ellas a ti mismo,
cansado de tanto huir ahora estás quieto
vigilando ocupadas jaulas
y elucubrando estrategias para ser feliz
mientras las siluetas del miedo
sigilosas, de cerca, te observan,
llaman a gritos inútilmente
y luego , derrotadas, se van.
Este agosto hurtaste más que silencios,
robaste también besos
envueltos en versos de lúgubres colores.
envueltos en versos de lúgubres colores.
Pronto la noche se irá
y con la luz del amanecer de setiembre
podremos hurgar en nuestras pieles otra vez
y quizá, a ojos cerrados, luego dibujarnos
y cubrirnos con versos.

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