miércoles, 30 de marzo de 2011

Un poco de café

Ya son casi las dos de la mañana y me percato de que la noche se me está jodiendo…
¾ Vanesa, Vanesa, Vanesa…
¾ Vanesa y los benditos dientes, los dientes y el perfecto color blanco…
Esta sensación de somnolencia descomunal que me absorbe tiene que ser resultado de las cuatro semanas completas que llevo de beberme dos tazas de café bien cargado antes de empezar a vivir. Hace ya un mes que la verdadera vida acostumbra comenzar desde las diez de la noche, por las mañana solo subsisto, soy quien los demás necesitan que sea, la claridad de las mañanas suele, casi siempre, impregnarme de abulia. La noche es la vida, la verdadera vida, comienza viendo algún irreverente programa de televisión, en señal abierta (obviamente), luego algo que escribir o unos minutos de alguna novela no comercial, obsequio de alguien a quien siempre recordaré.
Me satisface reconocer que soy una candidata casi consumada para adicta al café; confieso que lo necesito, casi tanto como a los besos de aquel chiquillo desgarbado que ya olvidó que lo quiero.
Esta mañana vi a Vanesa, mi novata amiga y dentista, una morenita alegre y sofisticada; me sugirió dejar el cigarrillo y el café, dice que mis dientes se echarán a perder si no lo hago. ¾ Bien, ningún problema con el cigarrillo ¾ le dije ¾ prometo no fumar ni uno más lo que me resta de vida; con el café sólo prometí intentarlo.
Esta noche pretendí demostrarme que resistiría al consumo de mis pusilánimes dos tazas diarias. Eran alrededor de las ocho y ya necesitaba beber algo; sin embargo, había prometido intentarlo, no pasaría nada, habían otras opciones, entonces tomé agua, maldita agua que me ha llevado al  baño cuatro veces, mientras los párpados continúan jugándome esta mala pasada, resistiéndose a obedecer mi voluntad, se doblegan mientras yo pretendo continuar estas líneas. Y si acaso los signos de puntuación actúen en libre albedrío, sepan ustedes disculparlos, se sepa también que no quiero dormir aunque mis párpados se empeñen en evidenciar lo contrario y para disipar toda duda, dejo certificado aquí, que no beberé ni una gota de café por hoy, sólo por hoy; porque desde mañana juro por lo más sagrado que me dejaré de estupideces y beberé religiosamente mis dos tazas, y mis dientes se pigmentarán, y seré feliz, seré cuán feliz quiera con cuanto café me sea posible tomar…

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