fatigada, sedienta de fe,
he perdido el corazón
después del agudo sonido
de tu grito.
El lamento de estos ojos
anuncia mi derrota;
no quise oír lo inevitable
y aquí estoy, despierta,
viviendo la más feliz pesadilla
en la sordera de esta incertidumbre.
Las grietas de esta herida
se abren a cada recuerdo,
la sangre brota sin temor,
entonces, sólo me resta huir
y buscarte entre la gente.
Hay tanto que decir;
sin embargo, seré muda
y gritaré tu nombre
en el más profundo
de los silencios.
Tú sabes que así será.
Esperaremos el momento
y la música nos encontrará
perdiéndonos entre la muchedumbre…
Tú buscándola a ella
y yo buscándote a ti.

No hay comentarios:
Publicar un comentario