sábado, 26 de febrero de 2011

Esperanza Extraviada


(O lo que resulta ser, en mis horas de sensatez: "doble E")

Palabras que van al aire,
que a nadie afectan,
las palabras vanas de la melancolía.

Dos tardes más y entonces
el mundo habrá terminado.
La farsa de la alegría,
y una fingida sonrisa esbozada
se perderán en el llanto del olvido;
ya las voces de auxilio han quedado mudas,
sus gestos no son percibidos
por ese Dios ciego que nada ve.
Un Dios falseado, un Dios discapacitado.
Un Dios mortal más… un dios hombre!

Alguien ha gritado a lo lejos
y el grito suena a rumor,
a susurro lejano,
lo oímos pero a nadie le importa.
¿Dios ha muerto?
Quizá está dormido.
¡Se ha suicidado!
Ha dejado de ver, de oír, de sentir…

¿Un Dios insensible?
¡Se ha suicidado!
Quizá con el fluir de mis palabras
esta noche siniestra…Yo lo he matado.
Un deicidio.

Y sin embargo, hoy
quiero creer en él
más que nunca.

La cumbia del dolor ha gastado mi alegría,
hoy sólo me queda la amnesia
de un mundo pueril
jamás conocido.

La fortaleza de este dolor
me ha convertido en lo que soy.
Nadie me ve, sin embargo aquí estoy
llorando a la alegría
en mi solitaria fiesta,
oyendo viejas canciones,
dejando fluir mi alma
a través de estas palabras,
palabras que nacen solas;
autómata pulsación del teclado
que me libera y  me lastima,
es un dolor  gratificante
que anuncia un fallecimiento.

Los gemidos cesaron,
la algarabía se ha instaurado,
todo se oye con claridad.
Los gritos de júbilo se instalan,
se escuchan por doquier:
¡Dios ha fallecido, somos libres!

Y yo… sola, siento que esta libertad
me ha encarcelado nuevamente.


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