Hoy me he
plantado aquí, frente al computador con la firme convicción de escribir una
historia feliz, llevo casi ocho horas librando una batalla brutal (casi demencial) contra el teclado y no logro
escribir nada digno de ser leído; aunque suene poco verosímil, esto es lo único
que logré dejar escrito después de decenas de líneas redactadas e
inmediatamente borradas.
¿No soy capaz de
concebir una historia feliz?...
¡Exijo una
explicación!
(A quien quiera
que la tenga, sírvase guardársela) Gracias.
Esto es todo
cuanto puedo decir acerca de esta mi gran historia feliz, y culmino estas escuetas
líneas prometiendo firmemente, con una mano en el pecho y la otra en el
techado, no volver a intentarlo. Y con todo, también prometo intentar no cumplir
esa promesa.
Yo

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